El verano es una época de descanso, diversión y nuevas experiencias para niños y, por qué no decirlo, para los adultos que tenemos la amabilidad de permitírnoslo.
Es un tiempo sin las presiones ni prisas del resto del año y es por ello el momento perfecto para que los padres nos enfoquemos en fortalecer l
os vínculos y aprovechar un tiempo de calidad con nuestros hijos. Es un tiempo precioso para poder conectar con aquello que es verdaderamente importante y que solemos dejar a un lado porque nos engañamos constantemente pensando que ahí seguirá para siempre.
Pero no sigue. Los niños crecen, buscan otras experiencias, otras relaciones y si no fomentamos el vínculo, éste se disuelve. Claro que siempre seguirán siendo nuestros hijos, y nosotros sus padres/madres. Pero tenemos que aspirar a más y no solo a ese título impuesto desde que llegaron a nuestras vidas. Hay que darle un sentido a ese título.
Para los que tenéis hijos pequeños, porque es maravilloso – a la vez que peligroso y da mucho miedo – sentir que somos su universo, su guía, su modelo. Tenemos una responsabilidad que creo que no logramos dimensionar. Y va mas allá de cuidarles para que no se hagan daño, alimentarles o asearles. Es una responsabilidad enorme: estamos moldeando lo que serán luego.
Para los que tenemos hijos pre-adolescentes, porque es maravilloso acompañarles en ese caos mental que preludia tormentas gigantes (aunque a veces dan ganas de matarlos o de marcharse de casa). Porque aunque ya no somos esos modelos a los que seguir, seguimos siendo ese pilar al que aferrarse cuando viene el huracán.
Para los que tenéis hijos ya adolescentes, porque es maravilloso sentir que esas alas que hemos estado ayudando a extenderse pueden empezar a volar, a conocer sus propios caminos, limitaciones y fortalezas. Sentir que pueden comenzar a tomar el rumbo de sus vidas y hacerlos sabedores de que siempre pueden volver a nuestro refugio si algo sale mal.
Me voy a centrar en los vínculos con los hijos, por no hacer de esto un articulo inmenso. Pero también aprovecho para decir a aquellos que podéis compartir con vuestros padres, que es tiempo de disfrutarlos desde otro lado, desde la complicidad, desde la paridad…
Pero bueno, empecemos con las razones por las que escribimos este artículo. Y es que compartir con nuestra familia es un tiempo fundamental en el desarrollo emocional y social del ser humano. Los vínculos familiares proporcionan una base de seguridad y apoyo que es crucial para el bienestar y para poder establecer relaciones saludables a lo largo de nuestra vida.
Son muchos los beneficios de establecer vínculos de calidad. Algunos ejemplos:

– Proporciona seguridad emocional
– Ayuda en el desarrollo de la empatía
– Mejora la comunicación
– Permite la continuidad en el aprendizaje
– Ayuda en la construcción de la confianza
– Mejora el comportamiento
– Fomenta el desarrollo de habilidades cognitivas
Pero bueno, no me voy a quedar con la copla de que es muy bonito sin daros algunas ideas de actividades. Seguro que al leerlas pensáis “pero si esto es lo de toda la vida”. Y ahí os diré ¡CLARO QUE SI! Esas actividades de siempre, que ahora buscamos fuera porque las prisas y las exigencias no nos permiten pararnos a reflexionar, son las que podemos aprovechar para pasar un tiempo de calidad en familia.
– Juegos: de mesa, deportivos, populares… o actividades al aire libre
– Cocinar juntos: además de ser sumamente divertido, no sabéis la de habilidades cognitivas que desarrolla la cocina!
– Crear experiencias: planificar salidas (cortas o largas) que permitan conversar y crear recuerdos duraderos.
– Leer juntos: compartir el mismo libro, ya sea que cada cual lo lea a su aire o hagáis una lectura compartida cada día, sentarse luego a discutir y comentar la historia es un ejercicio lingüístico maravilloso.
– Proponer proyectos: dependiendo de los intereses de cada uno, se pueden hacer proyectos sencillos de arte, ciencia, tecnología … Luego se puede proponer un día para presentar esos proyectos, dar opiniones (con las cosas que han gustado y las que se pueden mejorar) que permitan generar pensamiento crítico a la vez que tolerancia y gestión de la frustración.
– Mantener conversaciones significativas: destinar un tiempo para hablar de esos temas que interesan a nuestros hijos. Mostrarles interés y escucharles es un ejercicio estupendo para fomentar la comunicación que luego podrá mantenerse en tiempos más complejos como la adolescencia.
En definitiva, tenemos que rescatar esa imaginación de niños, esas experiencias vividas y permitirnos trasmitirlas a nuestros hijos desde el sentimiento y la espontaneidad. Relajarse y librarse de todos los tapujos de vez en cuando nos acerca a la esencia de lo que somos y nos permite relacionarnos con los que mas queremos desde lo mas puro.
Eso es tiempo de calidad. Momentos en los que los adultos estamos completamente presentes y comprometidos con nuestros hijos. Y las vacaciones ofrecen una oportunidad única para ello.
Estas experiencias no solo enriquecen sus vidas (y las nuestras) en el presente, sino que también establecen una base sólida para su desarrollo futuro. Al invertir tiempo y atención en estos vínculos durante las vacaciones contribuimos significativamente al bienestar de nuestros hijos (y al nuestro, insisto).

Siempre he dicho que la tarea mas compleja que tenemos como padres es criar niños y niñas emocionalmente fuertes y eso se trasmite, se comparte, se construye juntos. NO se enseña como en la escuela.
Así que, este verano, ¡aprovechemos al máximo el tiempo juntos y construyamos recuerdos y relaciones que duren toda la vida!


