LA TAREA MAS DIFICIL QUE TENEMOS COMO EDUCADORES ES CRIAR NIÑOS/AS EMOCIONALMENTE FUERTES Y SANOS

La frase que está en el título seguramente nos la habéis escuchado decir miles de veces. Y es que realmente lo pensamos. Y no nos quedamos solo con el pensamiento, sino que intentamos que sea uno de nuestros pilares en todo lo que hacemos.

Y es que el desarrollo socioemocional es fundamental en la vida del ser humano. Cuando aprendemos a reconocer y gestionar emociones, podemos establecer relaciones saludables y tomar decisiones responsables.

Para todos aquellos que somos parte de la educación de un niño, fomentar estas habilidades debería ser prioritario ya que es la clave para su éxito académico, su salud mental y su futuro como personas responsables.

Y ahora todos nos estamos preguntando…¿Qué es el desarrollo socioemocional?

El desarrollo socioemocional abarca cinco competencias principales, según el modelo de Aprendizaje Socioemocional (SEL, por sus siglas en inglés):

  • Conciencia emocional, que nos permite identificar y comprender las propias emociones.
  • Regulación emocional, para manejar el estrés, la frustración, la impulsividad…
  • Autonomía emocional, que nos permite evaluar consecuencias y elegir acciones: en definitiva, tomar decisiones responsables.
  • Competencia social, que nos lleva a mostrar empatía y comprender las emociones de los demás.
  • Habilidades para la vida y el bienestar, que nos ayuda a comunicarnos de manera efectiva y resolver conflictos.

Tanto en el colegio como en casa, las habilidades socioemocionales influyen en la manera en que los niños enfrentan retos, se relacionan con los demás y resuelven conflictos. Investigaciones han demostrado que los niños con un buen desarrollo socioemocional tienen mejores resultados académicos, menor riesgo de ansiedad y depresión y mayor capacidad para enfrentar adversidades.

Y ahora bien, ¿que puedo hacer para fortalecer el desarrollo socioemocional en mi clase?

Aquí os podríamos decir millones de cosas como enseñar estrategias de comunicación asertiva, fomentar la resolución de conflictos, modelar el comportamiento… Pero la realidad de las aulas a veces es muy compleja y tanto alumnos como docentes están sometidos a una presión descomunal que difícilmente potencia el espacio para mirarse dentro, observar alrededor e intentar gestionar eso que sucede.

En el colegio, como primer medida, es necesario dedicar un tiempo a la identificación de emociones y su gestión. Incorporar la educación emocional en el aula. Y no me refiero a una asignatura aislada o trabajar las habilidades socoiemocionales incluyéndolas como un ítem más dentro de proyecto, sin darle una continuidad. Las competencias socioemocionales hay que enseñarlas, pues no se aprenden solas, y para ello, necesitamos dedicarle un tiempo y espacio dentro del currículo escolar.

Como docentes sabemos que las emociones, las interacciones, surgen a cada rato, impregnan nuestro día a día. Mientras estoy dando matemáticas y no me sale, cuando en el patio veo a alguien que está solo y no me animo a acercarme, cuando quiero compartir algo con la clase o el profesor y me tengo que esperar a que termine la asignatura. Quizá, como insitución, decidir DEJAR DE CORRER DETRÁS DEL CONTENIDO puede ser una manera de prestar atención a lo que sentimos y navegar conscientemente este camino de aprendizaje socioemocional como comunidad educativa, puede llegar a ser un buen punto de partida…

Y en casa, ¿qué hacemos?

Sobre todo hacerlos visibles. Es cierto que los peques NO deciden, para eso estamos los adultos y así debe ser (aunque podemos ir dándoles responsabilidades y toma de decisiones acordes a la edad – que trataremos en otro artículo). Pero eso no implica que no podamos escucharlos y que no le mostremos empatía. Lo que sienten y lo que piensan es importante y ayudarles a comprender eso que sienten (para luego) gestionarlo, es la mejor forma de ayudarles en el desarrollo del autoconocimiento, autorregulación, responsabilidad, empatía… En definitiva, ayudarles a que sean personas emocionalmente fuertes y sanas.

El juego, al igual que para muchos otros aprendizajes en la infancia, es una manera excelente de comenzar. Donde los niños experimentan la frustración, la euforia, el subidón de autoestima, el enfado, la empatía… y todo en un espacio controlado.

Y ya por último, cambiar pequeños comportamientos como adultos. Comportamientos y mensajes que aún siguen existiendo tales como “los mayores no lloran” o “eso no es nada”. O creencias de que como padres no podemos pedir perdón a nuestros hijos, o siempre tenemos que estar regulados y controlados (ya nos gustaría a las 9 de la noche cuando nuestros hijos no se van a dormir después de todo un día de tareas del hogar, tareas/estudio, trabajo, parque…seguir manteniendo la serenidad y no pegar un grito). Pedir perdón, mostrar que nos equivocamos y rectificar, verbalizar si estamos tristes, contentos o cansados, pedir ayuda…Eso es enseñar estrategias de desarrollo emocional, con la fuerza del ejemplo.

El desarrollo socioemocional no es solo un complemento en la educación, sino un elemento central

para la formación de personas equilibradas y responsables.Cuando enseñamos a los niños a comprender y gestionar sus emociones, les damos una brújula para navegar la vida con confianza, empatía y resiliencia.

Y si todo esto cuesta, si ya no sabes que hacer, si no te ves capaz de aplicarlo… No te olvides que tenemos sesiones de parenting y que los peques – y no tan peques – pueden aprender a gestionar sus emociones en nuestras sesiones de gestión emocional.

 

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