Los fines de semana en casa son puro relax de horario. Salvo que haya alguna competición de judo, rítmica, fútbol… Los despertares pueden llegar a ser a las 11 de la mañana, Los desayunos se transforman en brunch y las comidas enlazan con la merienda-cena facilmente.
Pero a veces mi hijo se despierta a una hora «socialmente aceptada» y compartimos un desayuno a una hora que el universo fuera de nuestro hogar considera «normal».
Uno de esos días estábamos ahí los dos, en la cocina, con nuestro desayuno, hablando de nuestras cositas y mi hijo me cuenta que a veces, al despertarse, le tiembla el ojo por arriba. Mi respuesta automáticamente fue decirle qua sería por abajo y que eso es «normal». Él me corrigió diciendo que sabe perfectamente donde le tiembla SU ojo y me señaló el sitio. Mi respuesta, también automática, fue «mira que eres raro». Pero la cosa no terminó ahí, porque mi hijo con 9 años me miró seriamente y me respondió «no soy raro mamá, en todo caso soy diferente a los demás».

Y fue en ese momento donde me quede petrificada, con una sonrisa enorme – de esas para las que no te alcanza la cara – y un corazón tan ancho de orgullo qué parecia qué se me iba a salir.
Me dio Una leccion tan grande. Ahí, en un momento, en nuestra cocina, con nuestro horario anormal.
«NO SOY RARO, SOY DIFERENTE» me dijo. Con la naturalidad y simpleza que solo alguien que lo ha entendido todo, puede tener.
Qué facil es catalogarnos Como «raros» cada vez que somos diferentes. Y qué dificil es ver lo obvio: SOMOS DIFERENTES. Porque como me decía mi madre «somos únicos e irrepetibles». Y eso hace a la riqueza humana. Y ese es el reto: aprender y respetar la diferencia.
Asique recordar, cada vez qué algo se sale de la norma, NO es RARO, es DIFERENTE.
Esta anécdota, que me hizo reflexionar y que os aocmparto hoy, es autoría completa de mi hijo. Un pequeño de 9 años que nos enseña cada día y nos devuelve el reflejo constantemente.


